Encontré por ahí un libro de supuesta autoría de Michele Taruffo. Quizás saben que escribí mi tesis doctoral sobre la obra de Taruffo, y quizás saben también que él reconocía públicamente que era yo quien conocía mejor que él mismo el inventario de sus publicaciones. Así que ver un libro suyo que yo no conocía (titulado “Derecho Análisis Filosófico de la Prueba”) me resultaba una sorpresa. Entre otras cosas, porque Taruffo era un autor sumamente cuidadoso del lenguaje y puedo asegurar que jamás hubiese permitido un título tan mal puesto.

Desconozco el contenido del libro en cuestión, pero comenté el asunto con un par de autorizadas voces sobre la obra de Taruffo. Ninguno de ellos parece tener conocimiento del libro, lo que razonablemente hace pensar en una repudiable práctica editorial (bastante arraigada en algunos países, como el nuestro) que consiste en aglutinar textos ya publicados por otros (en este caso: traducciones) sin autorización del autor, sin autorización del traductor y sin autorización del editor original, con un título, por supuesto, que nadie ha autorizado.

Lo más desagradable del asunto es que el libro en cuestión tiene “coordinadores editoriales”. Y, me temo, no es la primera vez que incurren en este tipo de prácticas. Hablaré por mi: alguna vez encontré un libro de Jules Coleman, un conocido filósofo del derecho estadounidense. En 2010, yo había traducido con Felisa Baena Aramburo un artículo de Coleman, con su expresa autorización y se había publicado en la revista del IARCE; el mismo artículo, con algunas correcciones en la traducción, se publicó luego en un libro del Externado sobre filosofía de la responsabilidad civil. Pues en el libro de Coleman que encontré, se incluía la misma traducción; no se si con autorización de Coleman, pero ciertamente sin mi autorización ni la de Felisa Baena. Se incluían hasta las notas de traducción, sin indicar quién había traducido.

Concluyo: ese libro de Coleman pertenece a una colección dirigida por los mismos “coordinadores editoriales” del “nuevo” libro de Taruffo. Y está incluido en el CvLac (hoja de vida académica ante el Ministerio de Ciencias) de uno de ellos, como si fuera de su autoría (sin indicar que es un libro que compila artículos de Jules Coleman, y sin indicar que ni siquiera fueron traducidos por quien se lo atribuye como libro de investigación).

No nos sorprendamos de tener un ministro de ciencia, tecnología e innovación acusado de plagio.

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